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La salud mental en la infancia, en riesgo

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El 10% de los menores de 12 años y el 20% de los adolescentes desarrollan algún tipo de trastorno mental, y la pandemia no ayuda: se multiplican los ingresos en las unidades de psiquiatría infantil. El trabajo de la enfermera escolar resulta clave, no solo para el tratamiento y seguimiento de estos alumnos y alumnas, sino también en la prevención y en la detección temprana de los casos.

 

Trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), del espectro autista (TEA), ansiedad, trastorno bipolar, de la conducta, depresión, esquizofrenia o trastornos alimenticios son los principales problemas de salud mental diagnosticados en niños, niñas y jóvenes. Estos trastornos pueden perjudicar su salud, su educación y sus condiciones de vida.

Este domingo, con motivo del Día Mundial de la Salud Mental, la Organización Mundial de la Salud hace un llamamiento a las administraciones para que destinen los recursos y atención necesarios a la Salud Mental bajo el lema: “Atención de salud mental para todos: hagámosla realidad”.

En cifras

La OMS alertaba hace un año de que el 10% de los menores de 12 años y el 20% de los adolescentes desarrollan algún tipo de trastorno mental. Esta misma semana Unicef ha dado a conocer los resultados de su estudio “Estado Mundial de la Infancia 2021, En mi mente: promover, proteger y cuidar la salud mental de la infancia”. Sus conclusiones son demoledoras: 1 de cada 7 adolescentes sufre un trastorno mental diagnosticado en el mundo. 46.000 se suicidan cada año.

La pandemia no ayuda

Son los que menos se contagian de COVID-19 y cuando lo hacen, suele ser con sintomatología leve. Pero las personas en edad infantil y los jóvenes sí están sufriendo la otra cara de la pandemia: el aumento del estrés ha afectado a su salud física y mental.

La falta de socialización y los cambios en las rutinas perjudican la salud mental de los niños y niñas

Confinamientos, aislamientos sociales y cuarentenas han deteriorado las condiciones de vida de nuestros pequeños. A ello se unen la incertidumbre, el miedo a que enferme un familiar o incluso el duelo en el caso de fallecimientos.

Más horas delante de las pantallas, tanto por las clases online como por carecer de opciones de ocio y sociabilización en el exterior, cambios en las rutinas y alimentación menos saludable están derivando en un aumento de problemas de salud mental en niños, niñas y adolescentes.

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Así lo alertan desde el Hospital Gregorio Marañón de Madrid: se multiplican los ingresos por conductas suicidas y por trastornos de la alimentación a causa del confinamiento y las restricciones de la COVID-19. De hecho, a causa de este aumento, este hospital puso en marcha hace unos meses la figura de la enfermera especialista en Salud Mental en el Servicio de Urgencias Pediátricas.

Detección precoz y prevención en la escuela

Las distintas administraciones lo tienen claro: la vuelta a los centros educativos para todas las edades es fundamental y debe hacerse de forma que se garantice la salud y seguridad del alumnado. La enfermera escolar es la figura clave tanto en el ámbito asistencial como en el de la educación y prevención en salud. También en los problemas de salud mental.

Los más pequeños inician la socialización en la escuela. Para los adolescentes comienza su etapa más vulnerable, llena de cambios emocionales. En todos los casos, la enfermera escolar interviene tanto en el tratamiento del alumnado con patologías mentales diagnosticadas como en la prevención y la detección precoz de las mismas.

Gracias a la valoración global que puede realizar del alumnado (en las aulas, el patio…) es la figura que mejor puede actuar en prevención de drogadicción, acoso escolar, trastornos de la alimentación o adicción a las nuevas tecnologías.

La enfermera escolar, clave

La enfermera o enfermero en los centros educativos es el nexo entre la comunidad educativa y las familias. Así, colabora con el profesorado en detectar problemas de comportamiento en las aulas: quiénes generan conflictos y cuáles son las causas de éstos y también quiénes permanecen poco participativos.

Con la información captada por los tutores y tutoras en el día a día, y con las pautas de la enfermera de las conductas a analizar, ésta puede realizar una detección precoz de problemas como el TDAH, que tiene una prevalencia de entre el 10-20% en el alumnado, casos de acoso escolar, etc.

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Con el alumnado que ha sido diagnosticado con una patología mental, la enfermera interviene directamente en el tratamiento y seguimiento. Además, forma a padres y madres en la prevención y detección precoz de problemas como el abuso de drogas o trastornos de la alimentación.

Claves para detectar un problema de salud mental en la infancia y adolescencia

Aplicable siempre, pero más ahora con toda la situación derivada de la pandemia, es fundamental que los niños y niñas sientan confianza para hablar de sus sentimientos. Además, hay cinco aspectos a los que prestar especial atención:

  • Mayor irritabilidad en situaciones habituales.
  • Cambios en los patrones de sueño, tanto problemas para conciliarlo o despertares nocturnos como exceso de sueño.
  • Modificaciones de la conducta y cambios bruscos en el estado de ánimo.
  • Cambios en los patrones alimentarios.
  • Falta de interés en las tareas del colegio.

De cara a los más pequeños, que al no estar vacunados seguirán viendo confinar sus aulas cuando haya un positivo, es fundamental intentar mantener las rutinas durante ese periodo de aislamiento.

Los cambios en las rutinas de sueño y alimentación pueden ser señales de alarma

Al comienzo de la pandemia, cuando empezaron a aplicarse restricciones de movimiento y confinamientos, la OMS lanzó la campaña #SanosEnCasa, con consejos dirigidos también a las familias. Además de la importancia de las rutinas, se hace hincapié en ayudar a los niños y niñas a expresar sentimientos como el miedo o la tristeza.

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