La violencia contra la mujer, un problema de salud pública
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La violencia contra la mujer, un problema de salud pública

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La ​violencia contra las mujeres es uno de los problemas más graves y complejos de nuestra sociedad actual.

 

La Organización Mundial de la Salud (OMS) afirmó que la violencia contra las mujeres es un problema de salud pública de proporciones epidémicas. Una de cada tres mujeres en el mundo ha sufrido violencia física o sexual principalmente por parte de su compañero sentimental, por lo tanto, queda claro que se trata de un tema preocupante y que los sistemas de salud deben proporcionar una respuesta adecuada.

Constituye la expresión más extrema de la desigualdad entre hombres y mujeres. Es un delito que daña derechos tan esenciales como la dignidad, la libertad o la integridad. En los últimos años se han producido importantes avances legislativos que han ayudado a visibilizar el problema, sin embargo la realidad y las estadísticas muestran que aún queda mucho camino por recorrer.

Una de cada tres mujeres en el mundo ha sufrido violencia física o sexual por parte de su compañero sentimental

Cada 25 de noviembre se conmemora el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer para denunciar y luchar contra esta lacra social que afecta especialmente a las jóvenes y adolescentes. Así, según los datos de la Macroencuesta de violencia contra la mujer de 2019, el 71% de las mujeres de 16 a 24 años han sufrido algún tipo de violencia a lo largo de su vida.

En esta lucha debemos destacar el papel clave e indispensable que desempeñan los centros educativos por ser contextos privilegiados y donde la figura de enfermera escolar va a ser crucial para la prevención, detección precoz e intervención en caso de mujeres víctimas de violencia.

Tipos de violencia

En la Asamblea General de la ONU en 1993 se definía la violencia contra la mujer como «todo acto de violencia que tenga o pueda tener como resultado un daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico para la mujer, así como las amenazas de tales actos, la coacción o privación arbitraria de la libertad, tanto si se produce en la vida pública como en la vida privada»

Los principales tipos de violencia contra las mujeres son:

  • Violencia física: comprende cualquier acto no accidental, que provoque o pueda producir daño en el cuerpo de la mujer, tales como: bofetadas, golpes, heridas, quemaduras…
  • Violencia psíquica: son aquellos actos o conductas que producen desvalorización o sufrimiento en las mujeres. Pueden comprender amenazas, humillaciones, insultos, exigencia de obediencia, culpabilización de la victima de los problemas de pareja, aislamiento, etc.
  • Violencia sexual: son todas aquellas relaciones que se imponen a la mujer en contra de su voluntad.

Estas tres formas de violencia física, psíquica y sexual suelen combinarse.

La pandemia de la COVID-19 no hace sino empeorar la situación. La violencia contra las adolescentes se ha visto aumentada, especialmente en forma de ciberbullying, y debido a los confinamientos ha disminuido el número de víctimas que piden ayuda.

Educar para prevenir, sensibilización en igualdad

El sexismo se aprende desde la infancia, la igualdad también. Para comprender la especial relevancia que sobre este tema tienen las experiencias que se viven en la infancia y en la adolescencia conviene recordar que el ser humano nace con una gran plasticidad para adaptarse al entorno, que es máxima en las primeras edades y va reduciéndose con la maduración. El aprendizaje de la lengua refleja muy bien estos cambios. Algo similar sucede con los modelos y expectativas sociales básicos, entre los que se encuentra el sexismo o su antítesis, la igualdad, que una vez aprendidos tienden a mantenerse, actuando como una segunda piel.

Un centro educativo es un contexto muy favorable para acceder a la población juvenil e introducir valores igualitarios, libres de prejuicios y de estereotipos sexistas, y proporcionar modelos de relación desde la igualdad y el respeto a las diferencias individuales de cada persona.

La enfermera escolar educa en la igualdad entre hombres y mujeres, rompiendo mitos y estereotipos

La educación en y para la igualdad de derechos y oportunidades entre hombres y mujeres (coeducación) es un imperativo legal e institucional que constituye la mejor estrategia para prevenir la aparición de la violencia de género en cualquiera de sus manifestaciones. En este sentido, la enfermera escolar a través de charlas, cursos y talleres educa en igualdad a los profesionales que trabajan en el centro educativo, al alumnado y a las familias, rompiendo mitos y estereotipos sexistas. Da a conocer las señales de alarma, cómo empieza y evoluciona la violencia de género (ciclo de la violencia) siendo clave para evitar que se normalicen ciertas conductas.

Identificar estas «señales» es esencial para poder actuar. Justo es el título elegido para un cómic elaborado por el Sindicato de Enfermería de Euskadi hace unos años. El objetivo no es otro que el de prevenir la violencia entre las adolescentes, reflejando situaciones de desigualdad, sexismo o control que pueden vivir las personas más jóvenes. Se trata de que identifiquen y puedan comentarlas con las personas más cercanas o, incluso, con su enfermera.

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Como vemos en este cómic, la enfermera juega un papel crucial en la detección de casos. Sin embargo, además de en Atención Primaria, es en el propio centro educativo donde mejor puede una enfermera o enfermero identificar de forma precoz los casos de violencia contra las mujeres.

Cuáles son las señales de alarma y cómo actuar

En la mayoría de los casos las víctimas no cuentan lo que les ocurre en casa, y es la enfermera escolar, una figura independiente, quien puede establecer una relación de confianza con ellas. Y no solo con ellas, sino también con el presunto maltratador y con los hijos e hijas de mujeres víctimas de violencia de género.

SUPUESTO 1: ALUMNA VÍCTIMA DE VIOLENCIA DE GÉNERO

De manera orientativa, podemos considerar como señales de alarma de que una alumna está sufriendo maltrato por su pareja o expareja, las siguientes:

  • Se muestra irascible, nerviosa, con cambios de humor repentinos sin causa aparente.
  • Se aleja de sus amigos.
  • Dependencia: está continuamente en contacto con él a través del móvil o redes sociales
  • Cambia su forma de vestir
  • Baja su rendimiento escolar.
  • Esta triste o angustiada, no se concentra en clase
  • Tiene miedo de que su pareja se enfade
  • Expresa opiniones en las que justifica la desigualdad de género, comportamientos machistas, o incluso el maltrato que sufre, restándole importancia, achacándolo a «su forma de ser» o a que «se preocupa mucho y la quiere mucho», o culpabilizándose a ella misma.

Ante cualquier sospecha o conocimiento de una situación de violencia de género ejercida sobre una alumna del centro, la enfermera escolar debe ponerlo en conocimiento del director o directora. En coordinación con el equipo docente, se recopilará toda la información posible sobre el caso y se valorará conjuntamente la manera de proceder.

En caso de que nos encontremos con una situación urgente, en la que se considere que existe un peligro grave e inminente para la alumna, se contactará con el 112. Cuando la situación no es urgente, en base a la información recabada se elaborará una estrategia para una adecuada intervención (entrevista) con la alumna y con sus responsables legales.

A la hora de comunicarnos con ambos debemos ser conscientes de la extraordinaria delicadeza del tema que vamos a tratar, y de que no siempre la respuesta que vamos a tener va a ser la más deseada. En todo caso, las entrevistas deben producirse en el lugar y momento más adecuados para garantizar un clima de confianza y seguridad. Se tendrán muy presentes los principios de respeto, discreción y confidencialidad.

Pautas para la entrevista con la alumna que reconoce que sufre un maltrato y lo cuenta:

  • Mostrar empatía, afecto, comprensión e interés por ella.
  • Garantizar la confidencialidad, pero aclarándole que, al ser menor de edad, va a ser preciso que su padre y/o madre o responsables legales tengan conocimiento de la situación
  • No interrumpir, no culpabilizar, no juzgar. Escucha activa.
  • No atacar al presunto maltratador, ni decirle que tiene que dejarlo. No forzarla a tomar decisiones.
  • Mostrar apoyo incondicional, haga lo que haga. Recordar que está “enganchada” y tiene una tremenda dependencia emocional del maltratador. Salir de una relación de maltrato es un proceso lento y complejo, que requiere mucha paciencia, y en el que son frecuentes los retrocesos y “recaídas” (volverá contactar con el chico, retomar la relación…)
  • Es fundamental averiguar quién o quiénes tienen conocimiento de la situación, a fin de construir una red de apoyo, para que las opiniones, consejos o respuestas a sus dudas vayan en la misma línea, sin contradicciones: el conocimiento y la postura de los iguales es pieza clave en el proceso de salida de la situación de maltrato.
  • Empoderarla y motivarla para que sea ella quien comunique a sus progenitores o personas responsables lo que le está ocurriendo.

Pautas para la entrevista con la alumna que no reconoce el maltrato y no quiere ayuda:

Si la alumna no reconoce que sufre maltrato, es importante no caer en el error de pensar que no se puede hacer nada por ella. En estos supuestos, serán los recursos especializados los que podrán proporcionar orientaciones y asesoramiento acerca de cómo se puede actuar para conseguir que vaya dándose cuenta, poco a poco, de que su relación de pareja no es sana y de que le está perjudicando. Su grupo de amistades puede ser de gran utilidad. Sería conveniente que se les faciliten orientaciones para ayudarla.

 

Pautas para la entrevista con las personas responsables legales:

En algunas ocasiones, la familia niega o prefiere ocultar el maltrato que está sufriendo la menor, por vergüenza, siendo asimismo frecuente culpabilizar a la chica tanto de la situación de maltrato como de los problemas familiares que a veces se producen (peleas, enfrentamientos e incluso separación o divorcio del padre y la madre).

En la intervención y comunicación con la familia de la menor se tendrán en cuenta las siguientes pautas o directrices básicas:

  • Mostrar apoyo, confianza, tranquilidad, calma, y transmitir la idea positiva de que se puede salir de la situación.
  • Garantizar el respeto, la discreción y confidencialidad del caso.
  • La violencia de género no es un asunto privado que deba ocultarse, es un delito, que afecta a derechos fundamentales como la seguridad, la libertad y la integridad de quien la sufre.
  • No hay que sentir vergüenza ni culparse o culpar a la adolescente.
  • Salir de una relación de maltrato también es un proceso lento, largo y complejo, que requiere paciencia, calma y apoyo incondicional a la chica, haga lo que haga. Las “idas y venidas” forman parte del mismo, siendo habitual que vuelva con el chico.
  • Ayudarles a desechar la idea de que “si la chica no quiere dejar la relación, no se puede hacer nada”: se pueden hacer muchas cosas, contando con la ayuda y el apoyo de los recursos especializados y siguiendo sus directrices y orientaciones.
  • El padre y la madre deben estar unidos sin que existan opiniones o acciones encontradas: es fundamental la unidad de opiniones, de criterios y de acción.

SUPUESTO 2: PRESUNTO MALTRATADOR, ALUMNO DEL CENTRO

Algunas de las señales de alarma, que nos pueden ayudar a detectar que un alumno está ejerciendo maltrato sobre una alumna que es o ha sido su pareja, podrían ser las siguientes:

  • Intenta controlar a su pareja reiteradamente (forma de vestir, amistades, dónde está y con quién, qué está haciendo en cada momento, la espera al a entrada y salida del centro, en los recreos y cambios de clase…).
  • Uso abusivo y controlador del móvil, redes sociales.
  • Es extremadamente celoso y posesivo, aislando a su pareja de sus amistades y familia. Se enfada si su pareja sale o va a lugares de diversión sin él.
  • Baja autoestima, inseguridades, complejos, cambios de humor frecuente e injustificado.
  • Responsabiliza a otras personas de sus problemas o dificultades. Culpa a su pareja de los problemas que puedan haber en la relación y de sus pérdidas de control.
  • Estilo de comportamiento agresivo en general, justificando la violencia como forma de resolver conflictos.
  • Muestra públicamente conductas de dominación sobre la víctima. Comentarios humillantes, la ridiculiza.

Al igual que en el supuesto anterior, se valorará la urgencia de la situación y se planteará una entrevista con el alumno implicado y sus responsables legales. En los casos en que se trata de un caso grave, es decir, con existencia indicios de delito:

  • Si ya hay interpuesta denuncia: se observará el cumplimiento de las medidas cautelares y/o judiciales de reeducación que se hubieran adoptado por el Juzgado de Menores que esté conociendo del caso.
  • Si no hay interpuesta denuncia: se pondrá en conocimiento por escrito de la Fiscalía de Menores

Pautas para la entrevista con el alumno:

La intervención con un adolescente que ejerce violencia machista es fundamental, tanto para evitar que se convierta en un adulto maltratador por razón de género, como para ayudarle a superar la violencia, construyendo un proyecto de vida adulta igualitario y respetuoso en sus relaciones interpersonales y de género. Son aconsejables las siguientes pautas:

  • Mantener en todo momento una actitud de aceptación, respeto y buen trato al menor.
  • Evitar discursos culpabilizadores y juicios de valor: No es conveniente la utilización de términos como “violencia”, “maltratador” o similares.
  • Hacer visibles las consecuencias de su conducta en la relación de pareja, en él mismo, y en las personas de su entorno más cercano.

En ocasiones, el adolescente no es consciente de que está ejerciendo maltrato: no reconoce o identifica sus comportamientos y actitudes como una manifestación de violencia machista, bien porque piense que son expresión de amor (“me preocupo por ella”, “solo quiero protegerla” …), bien porque entienda que la chica “se lo busca” y se lo merece (“me pone nervioso”, “ella sabe que me molesta” …) justificando así su conducta y minimizando o no reconociendo el malestar o sufrimiento que ocasiona. En estos casos es fundamental mantener una posición firme contra la violencia de género y motivarles para iniciar un proceso de cambio: reconocer explícitamente sus capacidades y habilidades personales. Transmitirles la confianza de que puede lograr cambiar y mejorar su conducta, y mostrar apoyo e interés por ayudarle a conseguirlo.

Pautas para la entrevista con las personas responsables legales:

Se manifestará a las personas responsables legales del menor, la preocupación y el interés del centro escolar por ayudar a rectificar su comportamiento, solicitando la colaboración familiar para conseguir este objetivo. En este sentido, sería conveniente ofrecer a dichos responsables legales el apoyo y las orientaciones precisas.

Ante la posible reacción negativa de la familia, si las personas responsables legales del menor niegan la situación, poniéndose a la defensiva, le restan importancia o la justifican, se destacará este hecho al cumplimentar las fichas de derivación correspondientes, para su conocimiento por los servicios especializados.

SUPUESTO 3: ALUMNOS/AS, HIJOS/AS DE MUJERES VÍCTIMAS DE VIOLENCIA DE GÉNERO

Los y las menores hijos e hijas de mujeres que sufren violencia de género, son víctimas directas de dicha violencia, y sufren importantes secuelas que afectan a su adecuado desarrollo evolutivo a corto, medio y largo plazo. Se trata de secuelas psicológicas, a todos los niveles, (emocional, cognitivo, conductual…), pero en ocasiones también físicas.

De manera orientativa, podemos apuntar como señales de alarma que pueden alertar de estas situaciones, las siguientes:

  • Se observan cambios bruscos en su conducta, mostrando quizás actitudes extremas de agresividad o retraimiento.
  • Reacciona con actitudes defensivas como encogerse, alejarse, retraerse cuando se le acerca una persona adulta.
  • El menor o la menor se muestra receloso/a de volver a casa.
  • parecen lesiones físicas: quemaduras o rozaduras y moratones por distintas partes del cuerpo o fracturas de huesos. (Registrar fechas)
  • No realiza en casa las tareas establecidas por el profesor o la profesora.
  • Desarrolla tareas del hogar de manera excesiva.
  • Sus dibujos y trazos reflejan violencia y utiliza colores que refuerzan esta sensación
  • Sus dibujos apenas se notan, son mínimos o de trazo casi invisible.

Cuando se tengan sospechas o conocimiento de que un alumno o alumna está expuesto a violencia de género en su entorno familiar, se pondrá en conocimiento del director o directora y de la enfermera o enfermero del centro.

Se citará a la madre para una entrevista para constatar el hecho. Hay que tener en cuenta que es una situación muy grave y delicada y la respuesta de la madre puede ser imprevisible, en cualquier caso se le ofrecerá la posibilidad de asesoramiento especializado. No se tomarán medidas con la madre si no hay un permiso expreso de la misma y sin haberlo consultado previamente con un servicio especializado. En ningún caso habrá comunicación con el padre, presuntamente agresor.

Desde cómics, cuentos y libros hasta aplicaciones para móviles, pasando por cortometrajes, hoy en día encontramos multitud de recursos para la prevención de la violencia de género y la educación en igualdad. Sigamos trabajando juntos, en las familias, en los centros educativos y en toda la sociedad.

3 Comentarios

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